EVANGELIO DEL DIA ¿ Señor, a quién iremos?. Tú tienes palabras de vida eterna. Jn 6, 68
sábado 07 Noviembre 2009 Sábado de la Trigésimoprimera semana del Tiempo Ordinario
Hoy la Iglesia celebra : San Villibrordo, María Medianera de todas las gracias, Juan Pablo II, San Prosdócimo de Padua
Ver el comentario abajo, o clic en el titulo Clemente de Alejandría : «No podéis servir a Dios y al dinero»
Carta de San Pablo a los Romanos 16,3-9.16.22-27. --------------------------------------------- Saluden a Prisca y a Aquila, mis colaboradores en Cristo Jesús. Ellos arriesgaron su vida para salvarme, y no sólo yo, sino también todas las iglesias de origen pagano, tienen con ellos una deuda de gratitud. Saluden, igualmente, a la Iglesia que se reúne en su casa. No se olviden de saludar a mi amigo Epéneto, el primero que se convirtió a Cristo en Asia Menor. Saluden a María, que tanto ha trabajado por ustedes; a Andrónico y a Junia, mis parientes y compañeros de cárcel, que son apóstoles insignes y creyeron en Cristo antes que yo. Saluden a Ampliato, mi amigo querido en el Señor; a Urbano, nuestro colaborador en Cristo, y también a Estaquis, mi querido amigo. Salúdense mutuamente con el beso de paz. Todas las Iglesias de Cristo les envían saludos. Yo, Tercio, que he servido de amanuense, los saludo en el Señor. También los saluda Gayo, que me brinda hospedaje a mí y a toda la Iglesia. Finalmente, les envían saludos Erasto, el tesorero de la ciudad y nuestro hermano Cuarto. ¡Gloria a Dios, que tiene el poder de afianzarlos, según la Buena Noticia que yo anuncio, proclamando a Jesucristo, y revelando un misterio que fue guardado en secreto desde la eternidad y que ahora se ha manifestado! Este es el misterio que, por medio de los escritos proféticos y según el designio del Dios eterno, fue dado a conocer a todas las naciones para llevarlas a la obediencia de la fe. ¡A Dios, el único sabio, por Jesucristo, sea la gloria eternamente! Amén.
Salmo 145(144),2-3.4-5.10-11. --------------------------------------------- Día tras día te bendeciré, y alabaré tu Nombre sin cesar. ¡Grande es el Señor y muy digno de alabanza: su grandeza es insondable! Cada generación celebra tus acciones y le anuncia a las otras tus portentos : ellas hablan del esplendor de tu gloria, y yo también cantaré tus maravillas. Que todas tus obras te den gracias, Señor, y tus fieles te bendigan; que anuncien la gloria de tu reino y proclamen tu poder.
Evangelio según San Lucas 16,9-15. --------------------------------------------- Pero yo les digo: Gánense amigos con el dinero de la injusticia, para que el día en que este les falte, ellos los reciban en las moradas eternas. El que es fiel en lo poco, también es fiel en lo mucho, y el que es deshonesto en lo poco, también es deshonesto en lo mucho. Si ustedes no son fieles en el uso del dinero injusto, ¿quién les confiará el verdadero bien? Y si no son fieles con lo ajeno, ¿quién les confiará lo que les pertenece a ustedes? Ningún servidor puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se interesará por el primero y menospreciará al segundo. No se puede servir a Dios y al Dinero". Los fariseos, que eran amigos del dinero, escuchaban todo esto y se burlaban de Jesús. El les dijo: "Ustedes aparentan rectitud ante los hombres, pero Dios conoce sus corazones. Porque lo que es estimable a los ojos de los hombres, resulta despreciable para Dios.
Hay una riqueza que donde sea que domine es sembradora de muerte: libraros de ella y seréis salvados. Purificad vuestra alma; haced que se vuelva pobre para escuchar la llamada del Salvador que os dice: «Ven y sígueme» (Mc 10,21). Este es el camino por donde anda el que tiene el corazón puro; la gracia de Dios no penetra en un alma cargada y rota por una multitud de posesiones.
El que contempla su fortuna, su oro y plata, sus casas, como don de Dios, éste da testimonio de su agradecimiento a Dios ayudando a los pobres con sus bienes. Sabe que los posee más para los pobres que para él mismo. En lugar de quedar como esclavo de sus riquezas, se hace señor de ellas; no las encierra en su alma igual que no encierra su vida en ellas, sino que prosigue sin descanso una obra del todo divina. Y si llega el día en que su fortuna desaparece, acepta su ruina con corazón libre. A éste hombre Dios lo declara «dichoso»; le llama «pobre en el espíritu», heredero seguro del Reino de los cielos (Mt 5,3)...
Por contrapartida hay el que acurruca su riqueza en su corazón en lugar del Espíritu. Ése tal conserva sus tierras, acumula sin fin su fortuna, y no se preocupa de otra cosa sino de recoger cada vez más. Jamás levanta los ojos al cielo; se atasca en lo material. De hecho no es más que polvo y al polvo volverá (Gn 3,19). ¿Cómo puede sentir el deseo del Reino el que en el lugar del corazón lleva un campo o una mina, el que la muerte sorprenderá inevitablemente en medio de sus deseos desordenados?» (Mt 21).
Buen uso de las riquezas --------------------------------
"Nuestro corazón desea hacer el bien, pero ¿lo hacemos para servir a Dios o a nosotros mismos?" Autor: P. Juan Gralla | Fuente: Catholic.net
Porque Jesucristo “conoce vuestros corazones”, nos advierte de tres peligros muy sutiles que pueden aparecer en la vida espiritual diaria.
“El que es fiel en lo poco, también es fiel en lo mucho”. La ley del amor, que es la que Cristo ha venido a traer al mundo, es la del amor sin medida. En el amor no hay mucho ni poco, o se ama o no se ama. Puede ser que las consecuencias de un acto hecho sin amor sean pequeñas o grandes pero cuando se ha faltado al amor se ha dejado de amar en ese acto concreto.
Si no sabemos usar correctamente las riquezas injustas y ajenas, es decir, todo lo material que es externo a nosotros y por lo tanto no nos pertenece con totalidad, mucho menos seremos capaces de manejar con corrección las riquezas verdaderas y propias, que son las cosas espirituales que en verdad son propias de cada hombre. Del mismo modo quien no ama a los hombres a quienes ve, no puede decir que ama a Dios a quien no ve; si no somos ordenados y justos con las cosas materiales, que vemos, menos lo seremos en las cosas espirituales, que no se ven.
“No podemos servir a Dios y al dinero”. El dinero representa el humano interés. Nuestro corazón desea hacer el bien, pero ¿lo hacemos para servir a Dios o a nosotros mismos? Cuando nos ocurre una desgracia fácilmente nos preguntamos: “¿por qué a mí?” ¿No será que durante los momentos de tranquilidad hemos sido buenos por inercia, pero no por amor a Dios, de tal manera que cuando su voluntad contradice la nuestra ya no somos generosos?